Ladrones de fuego

Ladrones de fuego. Propuesta para el debate sobre el papel de la RPDC en la batalla hegemónica actual.

Por Rubén González y Mikel Vivanko, miembros de la KFA.

jjZhot

Ante los últimos acontecimientos sucedidos en la Península Coreana, y teniendo en cuenta la repercusión mediática tanto en medios hegemónicos como contra-hegemónicos; como sujetos asociados a la Asociación de Amistad con Corea (KFA), nos gustaría proponer una serie de conversatorios participativos que nos permitan trasladar un análisis de la información más cuidado y menos empobrecido sobre el conflicto situado en este escenario regional.

El alcance de los sucesos no parece ser lo suficientemente atendido por ciertos agoreros de lo que podemos denominar la nueva proto-izquierda contemporánea que se entreteje en todo el grueso de siglas. Aún asistiendo a un suceso paradigmático ya habitual en las posiciones mantenidas por la plana de agentes intelectuales en torno a los conflictos y resistencias contra las potencias imperialistas en toda la geografía, en el caso de Corea parece que se da un paso más hacia el abismo.

Dada la oportunidad de entender, en el plano estadista, la relevancia que se deriva de un conflicto de estas características, y realizar un rodamiento categorial en ciertos escenarios sobre los que no tenemos demasiada cercanía como para considerarlos extensores orgánicos solidarios propios, pero que nos confieren, no sólo un conocimiento sólido y bien armado, sino una oportunidad para determinar estrategias de resistencia propias e internas dentro de nuestros movimientos, proponemos un ejercicio de debates que consideramos fundamental para el interés de los espacios que habitamos en las resistencias militantes.

Establecer un guión que nos permita realizar una lectura sobre el conflicto y las posibilidades emergentes que pueden surgir de su comprensión es de vital importancia en el caso de Corea, dada la singularidad limitada a estas fronteras. ¿Qué sucede realmente y qué determina esta singularidad? ¿Fue Corea la señal paradigmática de la nueva intervención imperialista, no centrada ya, exclusivamente, en la extracción y expoliación de los recursos materiales? ¿Qué papel juega Corea en todo este escenario de escala global? Y el eje de los BRICS, ¿qué soluciones aporta al conflicto y cómo permite detener el tiempo, alargando la espera, que posibilita establecer el escenario para el asalto definitivo a la economía del dólar?

Para empezar a dimensionar la resistencia que ejerce Corea como sistema orgánico frente al conflicto global que se está librando entre los ejes de hegemonía y el por qué señalamos a esta región como el principal exponente estratégico para la derrota del bloque ONU-USA, nada como empezar recordando las palabras del general Curtis Lemay : “Fuimos hasta allí a librar la guerra, y al final prendimos fuego a toda ciudad de Corea del Norte, de una forma u otra”. Para ver lo que suponen estas declaraciones, en un reciente artículo de Felicity Arbuthnot para Global Research se puede extraer: “Actualmente se considera que la población al norte del Paralelo 38 perdió casi un tercio de sus 8 o 9 millones de habitantes durante la guerra “caliente” de 37 meses, de 1950 a 1953, posiblemente un porcentaje de mortandad sin precedentes sufrido por una nación a causa de la beligerancia de otra”. Corea del Norte perdió cerca del 30% de su población. Durante la Segunda Guerra Mundial, Reino Unido perdió el 0,94% de su población, Francia perdió el 1,35%, China el 1,89% y Estados Unidos el 0,32%.

El general Douglas MacArthur declaró en una comparecencia ante el Congreso en 1951 que nunca había presenciado una devastación así: “No puedo expresar con palabras el horror que me estremece […] por esta carnicería constante en Corea”, afirmó MacArthur. “Supongo que he visto tanta sangre y destrucción como el que más; la última vez que estuve allí se me revolvieron las tripas”.

¿Cómo se compone y constituye una memoria colectiva “… después de la destrucción de setenta y ocho ciudades y miles de aldeas en Corea del Norte y de la muerte de una cantidad innumerable de civiles”, como se puede rescatar en palabras del general Curtis Lemay? En Pyongyang, la capital de la RPDC, para que sirva como ejemplo ilustrado, sólo quedaron en pie dos edificios. Repito, dos edificios.

“El oficial químico Townsend escribió en enero de 1951 que prácticamente todos los aviones de combate estadounidenses que volaban sobre Corea transportaban al menos dos bombas de napalm. En 1950, cayeron sobre Corea alrededor de 80.000 litros de napalm. Cuando los combates se intensificaron tras la intervención de China, esta cifra se triplicó con creces […] Un total de 32.257 toneladas de napalm fueron arrojadas sobre Corea, aproximadamente el doble de las que cayeron sobre Japón en 1945. Los aliados no sólo arrojaron más bombas sobre Corea que sobre el teatro del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial (635.000 toneladas frente a 503.000 toneladas), sino que la mayor parte de ellas fueron de napalm…”.

¿Cómo podemos incorporar a nuestras capacidades cognoscitivas, las que nos permiten adquirir un conocimiento, estas afirmaciones de Robert M. Neer escritas en “Napalm, an American Biography”, como material histórico que nos instruya a analizar y establecer todas las dimensiones significadas de un genocidio, ayudándonos a fijar la moral de nuestra posición en un conflicto? ¿Este conflicto, no es una síntesis necesaria? ¿Por qué no forma parte un imaginario colectivo internacionalizado? ¿Por qué no se constituye como una forma de poética para la resistencia?

Es posible que esta especie de endosimbiosis seriada de la resistencia coreana se encuentre en este escenario no resuelto entre la forma y la función. Es posible que la lógica Aristotélica se escape a la morfogénesis de este conflicto y que estos estadios de subjetividad no se incorporen a la estructura del análisis. La función es posible que preceda y dote de forma a los sistemas-órganos; éste es un detalle en el que pocas veces nos detenemos.

Partiendo de que “los medios son la parte necesaria para la articulación de las doctrinas del imperialismo hegemónico”, es curioso que de repente se produzcan planteamientos unificados, coherentes, sin necesidad de alineamientos [me gustaría que nos detuviéramos en este detalle nada menor]. Es como si nos sirviéramos de la información como un espacio de alineación [hacer de la información un lugar especifico dotado de forma, de una frontera paradigmática] para las posiciones de los países no alienados con relación al conflicto en la región Asia-Pacífico. Si nos detenemos en esto, observamos un trabajo realmente fino en la estrategia política; una tarea detentada y amparada por la Organización de Naciones Unidas, como elemento basal imprescindible para el imaginario que se quiere construir de cara a las posiciones internacionales sobre la República Popular Democrática de Corea.

Esto podría parecer argumento de peso suficiente para entender el papel determinante de la región dentro del comportamiento de los ciclos largos de la historia, dado que es una síntesis homogénea de entre todas las posibles respuestas asociadas a cada uno de los estados nación actuales, en principio, heterogéneos. “Pluralitas non est ponenda sine neccesitate” [la pluralidad no se debe postular sin necesidad], que formulara el fraile franciscano Guillermo de Ockham sobre el principio de parsimonia.

El detalle que debemos señalar como punto emergente para fijar la tesis defendida en este llamamiento, viene dado por algunos desenlaces que intentaremos matizar. El entente Rusia-China, alineado en el bloque transnacional financiero BRICS, se distribuye la frontera con la RPDC. En el último movimiento de bloqueo por parte de la asamblea de la ONU, parece que han virado las posiciones de Rusia y China debilitando el papel de la RPDC, cuando en realidad, lo que ha sucedido es un movimiento que fortalece las posiciones de los BRICS, y en consecuencia del núcleo Rusia-China. Desde aquí afirmamos que todo ello se debe a las resistencias subjetivas detentadas por la región situada al norte del paralelo 38, una población de apenas veinticinco millones de habitantes.

El viraje que han realizado Rusia y China presenta una lectura ciertamente significativa para el movimiento diplomático internacional, como un golpe definitivo a la amenaza de guerra propuesta por el bloque representado por USA-Japón-Corea del Sur. Esto ha levantado las diferencias de fondo entre el Pentágono y la Casa Blanca con relación al conflicto, aunque por el momento deberemos esperar para analizar los pasos subsecuentes que se derivan de esta tensión. Sí podemos señalar la derrota que ha procurado Corea en el conflicto regional, y el papel que ésta ha forzado y definido para rusos y chinos.

Sé que suena raro; que un país de estas características sea el sujeto protagónico en la transformación y/o trasmutación de la hegemonía en el mundo, y piedra angular estratégica para el conflicto de clases, auténtico motor de la metamorfosis productiva que viviremos a partir de 2030. Una tensión que mantiene a los “ladrones del fuego” [Prometeos contemporáneos] más cerca de la liberación y la victoria que del sufrimiento y la derrota, alejados de la condena eterna a la persistencia de un tiempo ajeno a su porvenir comunitario. ¿A quién le importa el sufrimiento humano visto a lo que se han enfrentado estos seres titánicos? Es Percy Bysshe Shelley el que desarrolla una drama lírico sin reconciliación entre Prometeo y Zeus, a diferencia de la obra de Esquilo. Prometeo, desafía a los dioses para devolver el fuego a los hombres. ¿Qué distancia existe entre la conciliación y la victoria? ¿Una esfera individual vale más que los sujetos históricos de generaciones y generaciones futuras? El que estemos dispuestas a entregar la vida por las nuevas constituyentes humanas, también dignifica la vida de las que se oponen a este desafío y estrechan sus órganos. No se puede desafiar a la mutación y pretender seguir vivas. Es posible que estos Prometeos contemporáneos hagan de Zeus mortal.

El supuesto y denominado “doble congelamiento” propuesto por Rusia y China: por un lado, la paralización de los ejercicios militares de EE.UU-Japón-Corea del Sur, y el supuesto y sólo supuesto veto al programa nuclear de la RPDC; lo que fuerza es a que la diplomacia tome el control del conflicto, haciendo que cada uno de los actores tenga un representante, y que los nuevos bloques hegemónicos ganen el tiempo suficiente para iniciar un nuevo período histórico que se oponga a la barbarie perpetrada hasta la fecha por el imperialismo hegemónico.

Desde una asociación de amistad, como ocurre en otras, prestamos atención y cuidado a estos momentos históricos que aumentan el interés general, con preocupación por esta especie de subsunción de los no alienados, y la falta de consistencia informativa en los movimientos más politizados de nuestro eje. Nos parece un momento adecuado para divulgar y profundizar sobre estos contenidos dentro de aquellos colectivos que mantienen las fórmulas de participación más propositivas.

Fire thieves. Proposal for the debate on the role of the DPRK in the current hegemonic battle.

Rubén González and Mikel Vivanko, members of the Korean Friendship Association (KFA).

In view of the recent developments in the Korean Peninsula, and taking into account the media impact in both hegemonic and counter-hegemonic media; as subjects associated with the Korean Friendship Association (KFA), we would like to propose a series of participatory conversations that allow us to transfer a more careful and less impoverished information analysis on the conflict located in this regional scenario.

The scope of the events does not seem to be sufficiently attended by certain doomsayers of what we can call the new contemporary proto-left that interweaves throughout the bulk of acronyms. Even in the case of Korea, it seems to be a step towards the abyss even in the presence of a paradigmatic event already commonplace in the positions held by the agents of the intellectuals around the conflicts and resistances against the imperialist powers in all geography.

Given the opportunity to understand, in a statistics way, the relevance that derives from a conflict of these characteristics, and to carry out a categorical bearing in certain scenarios on which we do not have too close proximity to consider them as organic extensions of our own, but which give us, not only solid and well-armed knowledge, but an opportunity to determine our own internal resistance strategies within our movements, we propose an exercise of debate that we consider fundamental for the interest of the spaces that we inhabit in the militant resistances.

To establish a script that allows us to read about the conflict and the emerging possibilities that may arise from its understanding is vitally important in the case of Korea, given the uniqueness limited to these borders. What really happens and determines this uniqueness? Was Korea the paradigmatic signal of the new imperialist intervention, no longer (or exclusively) focused on the extraction and plundering of material resources? What role does Korea play in this whole global scale scenario? And the BRICS axis, what solutions provides to the conflict and how does it stop the time, lengthening the wait, that could establish the scenario for the definitive assault to the dollar economy?

To begin to measure the resistance that Korea is playing as an organic system in the face of the global conflict that is being fought between the axes of hegemony, and why we point to this region as the main strategic exponent for the defeat of the UN-USA block, nothing to begin with recalling the words of General Curtis Lemay: “We went there to wage war and in the end we set fire to every city in North Korea, one way or another.” To see what this statement implies, a recent article by Felicity Arbuthnot for Global Research shows: “The population at the north of Parallel 38 is now estimated to have lost almost a third of its 8 or 9 million inhabitants during the 37 months of hot war, from 1950 to 1953, possibly an unprecedented death rate suffered by one nation because of the belligerence of another.” North Korea lost nearly 30% of its population. During World War II, the United Kingdom lost 0.94% of its population, France lost 1.35%, China 1.89% and United States 0.32%.

General Douglas MacArthur testified before Congress in 1951 that he had never witnessed such devastation: “I can not express in words the horror that shakes me [] because of this constant carnage in Korea,” MacArthur said. “I suppose I have seen so much blood and destruction as the most; the last time I was there my gut was stirred”.

How is it composed and constituted a collective memory “… after the destruction of seventy eight cities and thousands of villages in North Korea, and the death of countless civilians,” as can be rescued in the words of General Curtis Lemay? In Pyongyang, the capital of the DPRK, to serve as an illustrated example, only two buildings remained. I repeat, two buildings.

“Chemical officer Townsend wrote in January 1951 that virtually all US fighter jets flying over Korea carried at least two napalm bombs. In 1950, around 80,000 liters of napalm fell on Korea. When fighting intensified after China intervened, this figure more than tripled […] A total of 32,257 tonnes of napalm were dumped on Korea, roughly twice as many as those dropped on Japan in 1945. The allies not only threw more bombs on Korea than on Pacific theater during World War II (635,000 tons versus 503,000 tons), but most of them were napalm… “. How can we incorporate into our cognitive capacities, the ones that allow us to acquire knowledge, these statements by Robert M. Neer in “Napalm, an American Biography” as a historical material that instructs us to analyze and establish all the dimensions of a genocide, helping us to establish the morality of our position in a conflict? Is not this conflict a necessary synthesis? Why is not it part of an internationalized collective imagery? Why is it not a form of poetics for resistance?


It is possible that this
kind of serial endo-symbiosis of Korean resistance is in this unresolved scenario between form and function. It is possible that Aristotelian logic escapes the morphogenesis of this conflict and that these stages of subjectivity are not incorporated into the structure of analysis. The function is possible to precede and give shape to the organic systems, a detail in which we rarely stop.


Since “the media are the necessary part for the articulation of the doctrines of hegemonic imperialism,” it is curious that suddenly there are unified
and coherent approaches, without the need for alignments [I would like to stop in this detail]. It is as if we use information as an alignment space [making information a specific place endowed with form, a paradigmatic border], for the positions of the not aligned countries in relation to the conflict in the Asia-Pacific region. If we dwell on this, we observe a really fine work in political strategy; a task held and protected by the United Nations, as a basic element essential for the imagery that is to be built in the face of international positions on the Democratic People’s Republic of Korea.

This may seem to be an argument of sufficient weight to understand the determining role of the region within the behavior of long cycles in history, given that it is a homogeneous synthesis of all possible answers associated with each of the nation states of the current, in principle, heterogeneous states. “Pluralitas non est ponenda sine neccesitate” [plurality should not be postulated without necessity], formulated by the Franciscan friar William of Ockham on the principle of parsimony.

The detail that we must point out as an emerging point to fix the thesis defended in this call, is given by some outcomes that we will try to qualify. The Russia-China entente, aligned in the BRICS financial transnational bloc, distributes the physical frontier with the DPRK. In the latest blockade movement made by the UN assembly, it may seem that the positions of Russia and China have weakened the role of the DPRK, when in reality what has happened is a movement that strengthens the positions of the BRICS, and consequently of the Russian-Chinese core. From here we state that all this is due to the subjective resistances held by the the region north of the 38th parallel, a population of barely twenty-five million people.

The turn made by Russia and China presents a certainly significant reading for the international diplomatic movement, as a definitive blow to the threat of war proposed by the bloc represented by USA-Japan-South Korea. This has raised the fundamental differences between the Pentagon and the White House in relation to the conflict, although for the moment we must wait to analyze the subsequent steps that stem from this tension. We can point out the victory that Korea has achieved in the regional conflict, and the role this has forced and defined for Russians and Chinese.

I know it sounds strange: that a country of these characteristics is the protagonist in the transformation and/or transmutation of the world hegemony, and the strategic key for the class conflict, authentic motor of the productive metamorphosis that we will live from 2030. A tension that keeps the “fire thieves” [contemporary Prometheus] closer to liberation and victory than to suffering and defeat, away from eternal condemnation to the persistence of a time out of its community future. Who cares about the human suffering seen in the face of these titanic beings? It is Percy Bysshe Shelley who develops a lyrical drama without reconciliation between Prometheus and Zeus, unlike the work of Aeschylus. Prometheus defy the gods to restore fire to men. What is the distance between conciliation and victory? Is an individual sphere worth more than the historical subjects of future generations and generations? The fact that we are willing to give up life for the new human constituents also dignifies the lives of those who oppose this challenge and tighten their organs. You can not challenge the mutation and want to stay alive. It is possible that these contemporary Prometheus make Zeus mortal.

The so-called “double freeze” proposed by Russia and China: the paralysis of the US-Japan-South Korea military exercises and the supposed and only supposed veto to the DPRK’s nuclear program; this forces the diplomacy to take control of the conflict, making each of the actors to have a representative, and the new hegemonic blocks to gain sufficient time to start a new historical period that opposes the barbarism perpetrated to date by the hegemonic imperialism.

From a friendship association, as in others, we pay attention and care to these historical moments that increase the general interest, with concern for this kind of submission of the not aligned and for the lack of informational consistency in the most politicized movements of our axis. It seems to us an adequate moment to divulge and to deepen on these contents within those groups that maintain formulas of participation with more propositions.

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