8 de julio Juche 108: 25 años del fallecimiento del Camarada Presidente Eterno

Desde el Grupo de Estudio de la Idea Juche (GEIJ) de Madrid, queremos expresar nuestro más sentido y emotivo recuerdo de cara al 8 de julio, aniversario del fallecimiento del Camarada Presidente Eterno, Su Excelencia Kim Il Sung.

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Trillando personalmente con el mayal

En la temprana mañana de un día de noviembre de 1950, en plena Guerra de Liberación de la Patria, el Presidente Kim Il Sung, que recorría una aldea de Kosanjin donde estaba ubicada la Comandancia Suprema de EPC para cerciorarse de la vida de los campesinos, pasó por una casa. Entonces en el patrio un matrimonio campesino y un alumno de tierna edad que parecía ser su hijo estaban trillando el sorgo con mayales.

Luego de intercambiar el saludo con ellos, tomó personalmente el mayal del alumno y empezó a trillar. Cada vez que daba fuertes golpes con el mayal resaltaban los granos del sorgo, que se amontaron en abundante cantidad. Al rogarle el matrimonio que dejara de trillar, él contestó: No se moleste. Para mí este trabajo no es nada difícil, pues yo soy también hijo de un campesino.

Después de pasado largo rato, el Presidente cesó el trabajo y subrayó a los acompañantes la necesidad de ayudar mucho a los campesinos, añadiendo que el ejército siempre debía mantener lazos consanguíneos con el pueblo.

Las masas populares son mis maestras

El 31 de agosto de 1975, el Presidente Kim Il Sung concedió audiencia y almuerzo a Inomata Misao, redactor jefe de la Agencia de Noticias Kyodo de Japón.

Durante la comida el convidado le preguntó sobre los problemas relacionados con muchas ramas de la economía de Corea, entre otras la industria, la agricultura y la minería.

El Presidente dio respuestas a sus preguntas valiéndose de ejemplos concretos.

Inomata, asombrado de su amplia erudición, le dijo:

—Excelencia, usted está versado más que los especialistas en todas las ramas de la economía nacional. Usted es de veras un sobrenombre.

El Presidente, sonriente, le dijo que era una alabanza excesiva y que todos sus conocimientos eran los que le habían enseñado las masas populares, añadiendo:

—Me compenetro y charlo siempre con obreros, campesinos y científicos. El pueblo me expone muchas opiniones. Quien entra en las masas populares puede evitar el subjetivismo.

A continuación explicó que los científicos de agricultura trabajaban consultando principalmente los libros, pero los campesinos que realizaban directamente el cultivo tenían ricas experiencias en materia, por lo que si se mezclaba con ellos podía aprender muchas cosas de ellos.

—Puedo decir que las masas populares, incluidos los campesinos, son mis maestras.

Una conversación concluida al cabo de 30 años

Era un día del otoño tardío de 1926 en que caían a destiempo grandes copos de nieve.

En el despacho de Choe Tong O, director de la Escuela Hwasong, se desarrollaba una seria conversación entre este y Kim Song Ju (el nombre de niñez del futuro Presidente de la RPDC, Kim Il Sung), entonces un alumno de 14 años.

—Me extraño de tu intento de abandonar la escuela resignándote a tu ideal ya concebido. Dices que no te gusta la enseñanza que se ofrece aquí. ¿Dónde, en este tiempo turbulento, existe una escuela que guste a todos por igual?

Expuso largamente el director su lamento mezclado con enojo al escuchar de boca de su alumno la decisión de abandonar la Escuela Hwasong e ir a Jilin para seguir el estudio en una escuela secundaria, se acercó a la ventana y echó distraídamente la mirada hacia fuera, hacia el cielo en que se revoloteaban los copos de nieve.

Kim Song Ju sintió pena por el sufrimiento del maestro, pero no podía renunciar a su determinación tomada al cabo de muchos titubeos sicológicos y una larga y profunda meditación. Su objetivo consistía en, previendo el futuro de la revolución, salir a un escenario más extenso rebasando el estrecho cerco de Huadian y librar a todo motor la lucha por llevar a vías de hecho el programa de la Unión para Derrotar al Imperialismo ya organizada.

Poco rato después, el director, rompió el silencio pesado, sin quitar la mirada del cielo.

—Si esta escuela no gusta a los niños sobredorados como tú, Song Ju, la abandonaré también yo.

Kim Song Ju se mantuvo callado sin contestar a sus palabras que no se imaginaba. Pensó que la justeza de su opción sería comprobada por el tiempo y la práctica.

Al darse cuenta de la imposibilidad de disuadirlo, el director reprimió su agitación con la magnanimidad y paciencia de un maestro, y puso ligeramente la mano sobre un hombro del alumno.

—Si es para lograr la independencia de Corea no me importa que sea el nacionalismo o el comunismo. De todos modos, te deseo éxito.

Salidos así a la cancha de la escuela, el preceptor le dio largamente consejos útiles en la vida.

En aquel momento de despedida Kim Song Ju tenía muchas palabras que deseaba decirle. Pero calló reprimiendo su mortificación. Solo aguantaba la pena que sentía por el descontento y el malentendimiento del maestro.

De este modo la conversación de aquel día entre el maestro y el discípulo terminó sin llegar a la conclusión.

Kim Song Ju abandonó la Escuela Hwasong y ni una vez se arrepintió de su procedimiento. Si tuvo algo que le hizo sentir remordimiento fue que no había podido sacudir la nieve que posaba sobre los hombros del maestro que lo despedía expuesto a la nevada.

En contraste con esta despedida desgarradora, el reencuentro de ambos al cabo de 30 años fue muy emocionante.

Choe Tong O, ex-director de la Escuela Hwasong, quien después de la liberación del país vivía en el Sur de Corea, se pasó al Norte durante la Guerra de Liberación de la Patria (25 de junio de 1950-27 de julio de 1953) y ocupó un cargo importante en un organismo estatal. A mediados de la década de 1950 el Presidente Kim Il Sung le concedió audiencia. Era un tiempo en que su ideal, el de la UDI, ya se había tornado en una realidad en la tierra patria con el derrocamiento de los imperialismos japonés y norteamericano.

En la ocasión, el antigua maestro, llamándolo de nombre de niñez, dijo:

—A fin de cuentas, entonces fue justo usted, Premier Song Ju.

Con esta breve expresión del antiguo maestro se concluyó la seria conversación iniciada 30 años atrás en la Escuela Hwasong.

Una sorpresa

Un día de noviembre de 1950, a la madrugada, Kim Chaek recibió del Comandante Supremo Kim Il Sung una importante tarea de aumentar la producción en tiempo de guerra y estabilizar la vida de la población en las zonas liberadas. Partió de inmediato a un lugar y tras un largo viaje llegó al destino.

Unos minutos después arribó allí un funcionario que lo había despedido en la Comandancia Suprema. Al verlo Kim Chaek quedó asombrado y ese le explicó:

Después que usted partiera, el Líder, preocupado, ha dejado de trabajar un buen rato. Me ha llamado y, dando una linterna, me ha dicho que vuelva tras verlo llegar al destino, porque su salud está mal y la ruta se dibuja azarosa.

Mi carro ha corrido a toda velocidad hasta alcanzar el suyo más o menos una hora después. Lo ha seguido a cierta distancia sin que usted lo advirtiera.

Pero, una nevasca nos ha impedido y hemos perdido su carro. Por eso, aquí estoy para ver si usted esté a salvo.

Al escucharlo, Kim Chaek estaba emocionado por el fervoroso amor del Líder hacia sus compañeros revolucionarios, con su vista hacia el Comandante Supremo. Las lágrimas se asomaron en sus ojos.

30 yuanes

En la primavera de 1937, cuando el grueso del Ejército Revolucionario Popular de Corea estaba acantonado en la selva cerca de Donggang, ocurrió un incidente: los que habían estado de vigías por la noche regresaron con unas mazorcas recogidas en un campo no cosechado. Aunque lo hicieron para los compañeros de armas que se alimentaban varios días seguidos sólo de salvado y de pura agua, este hecho no se podía pasar por alto, pues se había perpetrado sin el permiso del dueño del maizal.

El General Kim Il Sung dio con severidad la orden de buscar de inmediato al propietario.

Unas horas después los guardias lo trajeron. Resultó ser un chino canoso.

Kim Il Sung le pidió perdón y le ofreció 30 yuanes. El chino se negó a recibirlos.

“¿Qué cosa son unas mochilas de mazorcas? Por esa porquería, ¡hasta el comandante me pide perdón! ¿Cobrar yo al ejército revolucionario? Ni hablar. Si se enteran de esto los vecinos, ¡qué broncas me van a echar!” El dueño renegó a recibir ni dinero ni mazorcas.

Kim Il Sung se sintió muy agradecido, mas no dejó de persuadirlo. El anciano no pudo menos que regresar a la aldea con el dinero y las mazorcas. A los combatientes que lo acompañaban les preguntó quién era el comandante de la guerrilla. Al escuchar la respuesta, el anciano se mostró muy arrepentido.

Inmediatamente, movilizando a sus familiares y parientes, recogió el maíz, lo cargó en un trineo y se presentó de nuevo ante el General.

Kim Il Sung no pudo negar aquella vez la sinceridad del viejo.

En esa ocasión el propietario del maizal le advirtió que, yendo unos 8 kilómetros hacia abajo del río Manjiang, se encontraba una plantación de insam, donde se podría comprar mucho maíz y se ofreció a ayudar en ese negocio.

Con su colaboración fue posible adquirir cereales y sal, que alcanzaron para alimentar a centenares de integrantes de la guerrilla durante un mes.

El Comandante Supremo se calzó en el verano con botas enguatadas de soldado

Un caluroso día de agosto de 1951, el Comandante Supremo Kim Il Sung se personó en la exhibición de los modelos del vestuario militar para el invierno del mismo año.

Sobre el mostrador se exhibían más de diez uniformes, gorros, guantes, botas enguatadas y otros artículos de invierno.

Guiándose por un cuadro, Kim Il Sung los examinó atentamente y propuso: “Escuchemos directamente las opiniones de los sol-dados que van a usarlos”, e hizo llamar a unos soldados para probar.

Midió la altura del cuello de la bota, examinó la de su refuerzo de caucho, calculó el grosor de su suela, etc, y pidió un par de ellas. ¿Para qué será?, se preguntaron los presentes.

Al día siguiente ocurrió un fenómeno sorprendente: Kim Il Sung salió afuera calzando las botas enguatadas de soldado.

¿Por qué se ha puesto esas botas en un día tan caluroso como hoy?, la curiosidad era irreprimible.

Kim Il Sung las usó más de una semana.

Calzando las botas, un día, no bien cesada una lluvia persistente, fue por un camino fangoso a visitar a unos soldados de ingeniería militar. Al llegar les dijo que quería consultar con ellos una cuestión y, para sorpresa de estos, sometió a su “evaluación” el calzado que llevaba puesto.

“Nos proponemos suministrar este tipo de botas a todos los militares para el próximo invierno, ¿qué les parecen?”, preguntó.

“¡Muy bien, querido Comandante Supremo!”, contestaron gozosos los que veían con curiosidad las botas que él llevaba en pleno verano.

Kim Il Sung los indujo a hablar de los defectos diciendo que sólo conociéndolos se producirían calzados de mejor calidad.

Aun así los soldados pronunciaron solamente palabras aprobatorias. Kim Il Sung, al cabo de escrutarlos un buen rato, observó:

“Yo he probado este calzado unos días. Es cómodo y muy abrigador, pero deja pasar fácilmente el agua. Me preocupa que eso pueda causar el sabañón a los pies.”

Seguidamente, indicando el refuerzo de caucho del calzado, continuó: “Por ser bajo este refuerzo, la tela se ha mojado, aunque anduve por un camino poco fangoso. En nuestro país, en el invierno, cae a menudo la aguanieve, y por el derretimiento de la nieve, el suelo se queda lodoso, motivo por el cual el calzado se moja fácilmente. Por eso es posible que los pies se congelen.”

Luego, marcando con el índice en el calzado, recomendó: “Soy de la opinión de que se ponga hasta esta altura el refuerzo de caucho, ¿qué les parece?”

“Entonces resultará mejor”, asintieron los militares.

“No digan bien a todo; pongan mientes también en los factores que puedan afectar a la apariencia en este caso.”

Uno de los interlocutores opinó que hacer más alto el refuerzo de caucho beneficiaría a los militares, por lo tanto no tardaría en hacerse familiar y agradable a la vista.

Entonces Kim Il Sung dijo contento que él pensaba lo mismo y concluyó: “Haré que según la opinión de ustedes se hagan más altos los refuerzos de caucho de las botas enguatadas.”