La teoría del todo: o cómo cualquier socialismo tiene raíces comunes, pero inicios filosóficos distintos

Interesante artículo preparado por nuestro camarada Lorenzo Ramírez, secretario del Grupo de Estudio de la Idea Juche (GEIJ) de Madrid.

La teoría del todo: o cómo cualquier socialismo tiene raíces comunes, pero inicios filosóficos distintos.

“Toda sociedad crea las bases de su destrucción y de la sociedad que la sustituirá” – Axioma del materialismo histórico.

Bases del socialismo materialista europeo y cómo Karl Marx pasó de tener de ídolo a Inmanuel Kant a tener a Georg Hegel.

La sociedad europea se basa en la filosofía platónica, es decir, en una filosofía metafísica e idealista: la materia existe porque existe la idea. Expresado de otra manera: existimos (materia) porque Dios existe (idea). Este es el axioma de las religiones abrahámicas.

Sin embargo, Kant y Descartes hicieron evolucionar este axioma sin tener en cuenta a Dios: “pienso, luego existo”, frase famosa de René Descartes. Después Kant aplicaría esto junto al empirismo, filosofía muy de moda en la época de la post-ilustración.

Después vino un joven de buena familia prusiana, natural de Tréveris, llamado Karl Marx. Estudió Filosofía en la Universidad de Jena y se doctoró.

Durante su estudio, fue un gran seguidor de Kant y otros filósofos post-ilustración (todos ellos influenciados por la filosofía reinante, que era el neoplatonismo, y el agustinianismo de San Agustín de Hipona). Llegó un momento que se dio cuenta de que mediante estos filósofos no se podía describir el mundo ni los procesos, pero hubo un paisano suyo, Georg Hegel, que introdujo el concepto de dialéctica, es decir, que nada permanece constante, todo tiene una evolución. Para Marx era un cambio tremendo, pasar de un sistema en el que todo era una fotografía, a verlo todo como una película.

Sin embargo, la dialéctica de Hegel era idealista, no materialista; aplicándolo a lo que dijimos sobre Dios, quedaría algo como: somos lo que somos porque Dios nos creó, pero hemos ido cambiando. O también, un concepto de Dios que puede evolucionar.

Marx y Engels con el tiempo fueron viendo que el idealismo no se sostenía, y que para describir el mundo había que poner la materia por encima de la idea. Es decir: al ser humano por encima de las ideas preconcebidas. Esto fue una verdadera revolución, y otros filósofos lo tendrían en cuenta, como el padre de la geografía, Alexander von Humboldt, en su famosa frase: “el ser humano es el único ser en La Tierra que modifica su entorno para adaptarse mejor a él”.

Pero no solo al ser humano, sino a todo lo existente. Por ejemplo, desde la filosofía marxista se puede describir cualquier proceso: desde cómo se bebe de un botijo, hasta cómo se construye una central nuclear. La única diferencia es el grado de complejidad. Esto nos lleva a sistema de análisis marxista: el materialismo dialéctico.

El materialismo dialéctico (o Diamat, como lo llamaban en la URSS) consta de tres axiomas originalmente:

Ley de unidad y lucha de contrarios: todo proceso consta de dos “fuerzas”, una que le hace avanzar y otra que le hace retroceder. Un ejemplo es la lucha de clases. Hay actos que hacen retroceder y otros avanzar.

Ley de cambios cuantitativos en cualitativos: todo proceso tiene pequeños avances. La conjunción de dichos avances cuantitativos da, a veces, un salto cualitativo. Un ejemplo es cuando alguien aprende un idioma: aprende las palabras, y eventualmente aprende gracias a esas palabras una estructura nueva de ese idioma. Este axioma es muy seguido en la Corea Socialista en el aprendizaje.

Ley de la negación de la negación: en lógica proposicional la negación de la negación es una afirmación. Todo proceso es una negación de una negación: por ejemplo, una gallina pone huevos que van evolucionando y se convierten eventualmente en pollitos, pues según este axioma el pollito es la negación del huevo, pero es la negación de esa negación a la vez, pues el pollito existe.

Ya hemos visto los tres axiomas, que son una evolución de toda la metafísica e idealismo anterior en la historia humana. Pero, ¿y si la metafísica y el idealismo anteriores fueran diferentes? El platonismo es fundamentalmente individualista (en el cristianismo, para ir al cielo solo depende de las acciones de uno mismo).

En Lu, y en la frontera indo-nepalí, se cocinó algo interesante.

Sin embargo, vayámonos a un reino chino, llamado Lu, hace 3000 años. Allí nació un filósofo de la familia Kong al que posteriormente se le dio el nombre de Fuzì (maestro). Todo junto daría Kongfuzì, del que deriva: Confucio.

Confucio fue un pionero en muchas cuestiones: dictó una moral interclasista desde los poderosos a los siervos (piedad paterno-filial). Siendo ministro de Lu, pidió la enseñanza universal masculina. El confucianismo es bastante machista en sus axiomas.

El confucianismo es conservador per se, pues propone la protección de las tradiciones y de los protocolos (cosa que se les da muy bien a muchos asiáticos). Aunque mejor dicho, es conservador e idealista. A la vez, un príncipe indio, Siddharta Gautama, crea lo que después sería una nueva religión: el budismo.

El budismo, tal como cualquier religión, es metafísico, pero es la única religión del mundo que es dialéctica e idealista, y que carece de dioses o espíritus (aunque en ciertos sitios de Asia haya sincretismos varios con otras religiones locales). Hay ramas mayores del budismo mahayana que consideran que la reencarnación es una “mejora” de la encarnación anterior (dialéctica).

Ambas filosofías, en contra de la moral y filosofía occidentales, describen una cosa muy diferente. Para conseguir algo, debe ser grupalmente: “una persona es persona a través de otras personas”. Por ejemplo, para Confucio, para un estado que era tiránico el pueblo llano tenía el derecho y el deber de deponerlo. Los budistas mahayana se centran en mejorar la vida material de las personas más que en la samsara (iluminación). Pongo un ejemplo: en el siglo XV, Sejong de Joson (o Sejong el Grande, rey de Corea), junto a un grupo de sabios, creó el actual sistema de escritura coreano. Anteriormente todo se escribía en caracteres chinos. Esto fue impulsado sobre todo por los monjes Won (rama del mahayana, similar al budismo Zen y Ch’ang), ya que sus libros sagrados (el Tripitaka) tenían que ser copiados a mano y era muy engorroso hacerlo en caracteres chinos.

Con todo esto tenemos la dialéctica oriental gracias a Confucio y a los budistas mahayana. No fue hasta principios del siglo XX cuando un hombre llamado Kim Hyong Jik, un pedagogo, natural de la aldea de Mangyongdae (actualmente en Pyongyang), creó la filosofía Jiwon (“buen propósito” en coreano), germen de la actual Idea Juche.

Esta filosofía empezó a crearse durante la ocupación japonesa de Corea. Los coreanos no podían ni hablar su propio idioma, por lo que se lo enseñaban entre ellos por la noche. Era una filosofía que lo que pretendía era la conservación de la nación coreana.

El sol sale por el Monte Paektu.

En los años 30, el hijo de Kim Hyong Jik, Kim Il Sung, abandona Corea y se va a la zona coreana de Manchuria al exilio. Allí, junto a unos chavales coreanos crean la “Unión para Derrotar al Imperialismo”. Juntos se forman políticamente y leen a los clásicos marxistas.

Pero hay una cosa con esas filosofías: se han montado sobre filosofías diferentes a las orientales, por lo que deciden montar su propia filosofía revolucionaria, a la que se le dio el nombre de Idea Juche.

La diferencia entre el Juche y el marxismo-leninismo tradicional tan solo está en que se monta en el confucianismo y no en el platonismo. Ambas son filosofías de su época y totalmente válidas.

También lo están en ciertas prácticas: los jucheanos quieren convertir a toda la clase obrera en la vanguardia dentro de la revolución mediante las tres revoluciones (económica, técnica y cultural). En el marxismo-leninismo, a ciertos sectores en la URSS no se les politizó, como es el caso del ejército.

Ciertas cosas para autores marxistas-leninistas pueden ser chocantes e incluso contrarevolucionarias. Esto viene dado por su ceguera eurocentrista fundamentalmente. Incluso el propio Kim Il Sung dijo que la Idea Juche no se puede entender sin entender previamente a los clásicos marxistas y leninistas.

Generalizando todo esto nos queda un esquema histórico de esta manera:

Filosofía idealista y metafísica no dialéctica → Filosofía idealista pero dialéctica → Filosofía materialista dialéctica.

Este esquema se puede aplicar a cualquier revolución en el mundo, y funciona así: un cambio de pensamiento genera un cambio superestructural e infraestructural tremendo. Así funciona la relación materia-idea. Que no tomemos la idea como algo superior no significa que no esté ahí. Los jucheanos superaron este escollo.