Presentación de la línea jucheana, línea de la lucha armada antijaponesa

Kim Il Sung

Aquí, tienen las instrucciones que dio el Presidente Kim Il Sung sobre presentar las líneas de la lucha armada antijaponesa, fortalecer las fuerzas revolucionarias e intensificar el lazo de sangre con las masas enalteciendo el espíritu de hacer todo por propio esfuerzo.

Asociación de Ciencias Sociales de Corea (2017).

Presentación de la línea jucheana, línea de la lucha armada antijaponesa

En el período de la Lucha Armada Antijaponesa presentamos originales lineamientos revolucionarios y orientaciones de combate, correspondientes a nuestra realidad, y luchamos basándonos en ellos, gracias a lo cual, venciendo obstáculos y pruebas, pudimos allanar victoriosamente el camino de la revolución.

A principios de la década de 1930, sobre la base de un análisis científico de la situación del país, elaboramos la original línea de la revolución coreana, la de la Lucha armada Antijaponesa, que reflejaba con certeza las exigencias legítimas de nuestro movimiento de liberación nacional, y era la orientación revolucionaria más correcta para derribar la dominación colonial del imperialismo japonés y lograr la restauración de la Patria, mediante el desarrollo organizado de la lucha armada por las propias fuerzas del pueblo. En virtud de esta línea fundamos el Ejército Popular Revolucionario de Corea y desplegamos la Lucha Armada Antijaponesa, y así pudimos asestar duros golpes a los agresores imperialistas japoneses y alcanzar la histórica victoria.

Nuestra experiencia demuestra que los pueblos oprimidos deben combatir resueltamente a los opresores para obtener la liberación del país y la independencia nacional, y que su forma más activa y más decisiva es la lucha armada.

La historia no conoce aún un ejemplo de que los imperialistas hayan regalado la independencia a los pueblos colonizados ni tampoco que los pueblos desposeídos de sus países hayan obtenido la independencia de manos ajenas, sin ponerse en pie de combate. Por tanto, para rescatar la patria perdida y obtener la verdadera libertad e independencia nacionales, es preciso que los pueblos oprimidos abandonen por completo toda clase de ilusiones sobre el imperialismo. Los pueblos oprimidos pueden hacer progresar la revolución y ganar la causa de la liberación sólo mediante un tenaz combate contra el imperialismo.

Los imperialistas recurren a todos los medios y métodos posibles para mantener su dominación colonial y hacen esfuerzos cada vez más desesperados a medida que se aproxima la hora de su muerte. Ellos reprimen en forma sanguinaria la lucha de liberación de los pueblos coloniales, movilizando todo su aparato de poder y usando toda clase de medios violentos. Así fue, precisamente, como procedieron los imperialistas japoneses en Corea. Por eso los comunistas coreanos no tuvimos otra alternativa que combatir con las armas en la mano por la restauración de la Patria, y así conquistamos la victoria librando una ardua y prolongada lucha armada. Hay que oponer la violencia a la violencia y derrotar a las fuerzas armadas contrarrevolucionarias con la violencia revolucionaria.

La experiencia de la lucha liberadora de los pueblos demuestra que la lucha comienza en pequeña escala y va ganando en dimensión de forma gradual y así alcanza por fin el triunfo. Nosotros tenemos la firme convicción de que si el pueblo palestino, que ha emprendido el camino de la lucha liberadora con las armas en la mano, lleva resueltamente hasta el fin la lucha armada en todas partes y con firme confianza en la victoria, sin hacer distinciones entre pequeños y grandes combates, obtendrá sin duda el triunfo.

Fortalecimiento de la fuerza revolucionaria del Juche

Para robustecer las fuerzas revolucionarias, dirigimos nuestra atención, ante todo, a fortalecer política, ideológica y militarmente la Guerrilla Antijaponesa. Nos esforzamos para asegurar la pureza organizativa e ideológica en sus filas y su unidad de voluntad, y para dotar a todos los guerrilleros con una firme conciencia Juche, ardientes ideas patrióticas, una fervorosa camaradería revolucionaria y en espíritu de disciplina consciente. Además, le arrebatábamos las armas al enemigo en las incesantes batallas, y por este medio fuimos fortaleciendo el equipamiento militar de la guerrilla y ampliamos y desarrollamos aún más las filas guerrilleras.

Junto con el fortalecimiento de la Guerrilla Antijaponesa, nos empeñamos por prepararle a la revolución un sólido terreno de masas, y agrupar a todas las masas amantes de su país y su nación, para organizarlas y movilizarlas en la lucha revolucionaria.

Dado que la lucha armada se desenvolvía en forma de guerra de guerrillas, era un problema muy importante fortalecer los lazos de la Guerrilla Antijaponesa con los amplios sectores del pueblo, lograr que éste apoyara y respaldara por todos los medios a la guerrilla, y organizarlo y movilizarlo de modo activo en la lucha antijaponesa.

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La fundación de la Asociación para la Restauración de la Patria – primera organización de frente unido nacional antijaponés en nuestro país -, el 5 de mayo de 1936, constituyó un acontecimiento trascendental para el fortalecimiento del terreno de masas de la revolución. Con la creación de esa Asociación, el movimiento del frente unido nacional antijaponés pudo desarrollarse de forma más organizada y sistemática, con rapidez y a escala nacional, en íntima combinación con la Lucha Armada Antijaponesa, y se pudo organizar y movilizar vigorosamente a todas las fuerzas antiimperialistas en la lucha por la liberación del país.

El robustecimiento de la Guerrilla Antijaponesa y la consolidación del terreno de masas de la revolución, así como la íntima ligazón de la Lucha Armada Antijaponesa con otros diversos tipos de lucha masiva, todo esto vino a constituir uno de los importantes factores que nos permitieron obtener el triunfo en la lucha antijaponesa de liberación nacional.

El espíritu revolucionario de hacer todo con sus propios esfuerzos

Durante la Lucha Armada Antijaponesa no hubo quien nos ayudara. Ahora, los países que combaten por la liberación nacional reciben la ayuda de otros; pero la situación en aquel entonces difería de la actual. Debíamos resolverlo todo por nuestra propia cuenta, incluyendo las armas. Se las arrebatábamos a los imperialistas japoneses y nos pertrechábamos con ellas.

Si logramos superar las múltiples dificultades y adversidades que encarnamos en este curso, fue, además, porque con el espíritu revolucionario de apoyo en nosotros mismos nos basamos estrictamente en las fuerzas de las masas populares.

En ese período no teníamos nada en que confiar si no en las propias fuerzas, las de las masas populares. Las armas, municiones, alimentos, ropas y todas las otras cosas que necesitábamos para la lucha, los conseguimos nosotros mismos, ora arrebatándoselos a los enemigos, ora con la ayuda de la población.

Lazo de sangre con las masas populares

Cuando junto a unos cuantos camaradas y con pocas armas, emprendimos la lucha contra los imperialistas japoneses, éramos débiles. Ellos nos llamaron entonces “un mijo flotante en el mar”. Se burlaban de nosotros, preguntándonos si podríamos enfrentarnos con tan escasa fuerza al gran imperio japonés, y regaron toda clase de mentiras en nuestra contra. Sin embargo, no nos rendimos ante sus amenazas y chantajes, ni nos dejamos llevar por su falaz propaganda. Si bien formábamos un grupo reducido y no teníamos armas dignas de mención, desplegamos una ardua y prolongada lucha, con plena convicción de que saldríamos victoriosos si combatíamos uniéndonos con el pueblo y apoyándonos en sus fuerzas, y así logramos derrotar al imperialismo japonés y restaurar la Patria.

Digo con franqueza que todos los éxitos obtenidos en nuestro país son el fruto de la gran fuerza de nuestro pueblo.

Siempre confiamos en la fuerza del pueblo. No hay nada irrealizable si se respeta su voluntad y se apoya en su fuerza.

Al confiar y apoyarnos en la fuerza de las masas populares, pudimos salir victoriosos en las guerras contra el imperialismo japonés y el norteamericano, y construir el socialismo sobre las cenizas después del cese al fuego. Ustedes preguntaron cuál de esas dos guerras fue más difícil, digo que es la primera, aunque las dos fueron igualmente arduas.

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El taimado imperialismo japonés recurrió a toda clase de artimañas para conseguir aislarnos del pueblo. Hizo circular varias veces el rumor de que yo había muerto. De vez en cuando, ahorcó a un hombre y propagó que éste era yo, difundiendo así un falso rumor para engañar a la población. Personas iban a verlo por la noche para comprobar la verdad y luego, por su parte, hacían recorrer la voz de que el enemigo había mentido. En vista de que circuló unas tres veces el rumor de que yo había muerto, parece que tendré una larga vida. Pese a que el imperialismo japonés tejió toda clase de artimañas para separar al pueblo de nosotros, no pudo impedir que éste nos apoyara.

La fuerza del pueblo es, en efecto, grande, inagotable. Esta es una verdad que he experimentado en carne propia dirigiendo la lucha revolucionaria. He podido comprobarla durante la batalla que sostuve contra los imperialistas japoneses y norteamericanos y en la conducción de la revolución y construcción socialistas.