Concepto de las masas

El Dirigente Kim Jong Il dijo:

“Por concepción revolucionaria de las masas se entiende el punto de vista y la actitud de servir a éstas considerándolas como protagonistas de la revolución y hacerla confiando y apoyándose en su inagotable fuerza.”    El concepto revolucionario de las masas es el punto de vista y la actitud de ver en ellas al sujeto de la revolución y servirlas.

Es el punto de vista de que son ellas que la exigen y ejecutan y abnegarse en su provecho es la actitud de respetar su exigencia e intereses y dedicarlo todo a su verificación.

El dueño de la revolución son las masas populares y la revolución es su lucha por verificar su independencia. Pueden construir una nueva sociedad y gozar de una vida independiente y creadora sólo con su propia lucha.

De este punto de vista se deriva la actitud de dedicarlo todo en aras de las masas populares.

Respetar y realizar su exigencia e intereses es la actitud que el revolucionario debe tomar.

Este punto de vista y actitud se difieren sustancialmente de la burocracia que hace menospreciar y mandar a las masas.

El concepto revolucionario de las masas es el punto de vista y la actitud de hacer la revolución confiando y apoyándose en su fuerza inagotable.

Confiar en ellas implica ver en ellas el más inteligente, ingenioso y potente ser del mundo y hacer la revolución confiando y apoyándose en su fuerza significa resolverlo todo por medio de organizar y movilizarlas.

Las masas populares es el más poderoso ser del mundo.

El individuo, por más inteligente y hábil que sea, se limita a asimilar sólo cierta parte de la inteligencia y habilidad que la humanidad viene acumulando a lo largo de la historia. Sólo las masas manejan toda riqueza de la humanidad y pueden forjar su propio destino por medio de transformar la naturaleza, la sociedad y el hombre.

Para la revolución no hay otra alternativa que confiar en las masas, para lo cual es preciso concientizar y organizarlas.

Este punto de vista y actitud son contrarios con la dependencia en fuerzas ajenas, el pesimismo y el derrotismo, que no confían en sí mismo.