La estrategia de tres puntos es el arma más poderosa (I)

En esta nueva siglo la Corea socialista sigue siendo objeto de admiración y faro de esperanza de los pueblos progresistas del mundo.

¿Cuál es el factor de su sostenido desarrollo en medio de una vorágine de acontecimientos en que se alternan prosperidades y arruinamientos y pese a las convulsiones de la historia marcadas por el imperialismo y la hegemonía?

Esto ha sido el foco de atención del círculo político mundial, una incógnita que jamás se puede descifrar con conceptos convencionales.

Como lúcida respuesta a esa pregunta, se hizo público un discurso histórico pronunciado por el compañero Kim Jong Un, máximo Dirigente del Partido y pueblo coreanos, durante la parada militar y el desfile de los ciudadanos de Pyongyang en saludo al aniversario 70 de la fundación del Partido del Trabajo de Corea. En la arenga el estimado Mariscal presentó la estrategia de tres puntos de aprecio al pueblo, ejército y juventud, enardeciendo los corazones de todos los pueblos del mundo que aspiran a la justicia y la verdad.

Dicha estrategia del Partido que sintetiza la prioridad de las masas populares infunde ánimo y valor al pueblo coreano y a otros progresistas del mundo y provoca gran inquietud y pánico a la reacción imperialista que desafía la tendencia de la historia.

No hay fuerza mayor que el amor y la confianza.

La fuerza del Partido del Trabajo de Corea y el carácter indestructible de la revolución coreana se deben precisamente a su gran ideología revolucionaria, estrategia y tácticas que reflejan la plena confianza y el fervoroso amor a las masas populares.

Partiendo de las exigencias de la gran idea Juche, nuestro Partido ha definido el término de la revolución como amor y confianza en el pueblo y en todo el proceso revolucionario lo ha enaltecido como cielo y protagonista de la revolución. Ha colocado al ejército revolucionario y al contingente de jóvenes a la cabeza de la lucha para allanar el destino del pueblo. Durante un largo tiempo, ha confiado solamente en el pueblo, ha luchado para él y en ese proceso ha establecido para sus sucesivas victorias la estrategia revolucionaria de aprecio al pueblo, ejército y juventud.

El estimado compañero Kim Jong Un señaló:

El aprecio al pueblo, ejército y juventud le da vida y fuerza al partido revolucionario y le asegura un futuro resplandeciente, tal es la valiosa conclusión a la que ha llegado nuestro Partido al cabo de una historia de setenta años.

La estrategia de tres puntos presentada por el Partido, eleva al máximo la posición y el papel del pueblo laborioso, del ejército revolucionario y del contingente de jóvenes en la causa revolucionaria. Es decir, constituye una teoría original que considera a las masas populares como seres más grandes y, al preparar poderosas fuerzas revolucionarias con el ejército revolucionario y el contingente de jóvenes, impulsa y lleva a feliz término la causa revolucionaria.

La estrategia se basa en el más noble sentimiento de confianza en el pueblo.

La confianza de nuestro Partido en el pueblo es algo único en la historia de la humanidad. Su concepto de confiar en el pueblo como en el cielo y apoyarse plenamente en él no tiene parangón en la historia de las teorías revolucionarias. Muchos consideran a las masas trabajadoras como un encargado del desarrollo de la fuerza de producción, al ejército como colectivo armado que sofoca la resistencia de las clases hostiles y defiende el país, y a los jóvenes como fuerza suplementaria de la revolución que cumple solamente el papel de puente.

Nuestro Partido ha colocado al centro a las masas populares y ha desarrollado y enriquecido de manera original las teorías revolucionarias. Las ha enaltecido como seres grandiosos y protagonistas de la revolución que transforman el mundo de manera consciente. Asimismo, sin encasillarse en concepciones convencionales, ha establecido una nueva teoría que concede importancia al papel del ejército revolucionario y de la juventud. El ejército revolucionario es pilar y grueso de la revolución, mientras que los jóvenes constituyen las tropas más vigorosas de la sociedad y vanguardia de la revolución, tal es el criterio propio de nuestro Partido.

Tal criterio no es jamás una conclusión que se ha sacado de algún juicio subjetivo ni un patrón provisional. Se basa en la inconmovible fe en la omnipotencia de las masas populares que han emergido en la historia como dueñas de su destino, así como parte de una certera apreciación del importante papel del ejército revolucionario que es más revolucionario, organizado y disciplinado que cualquier otro colectivo social y que demuestra una capacidad impar en la lucha antimperialista y clasista y en el empeño por procurarle al pueblo mayores beneficios. Además, es fruto de la confianza en el temperamento revolucionario de los jóvenes, susceptibles a lo nuevo, emprendedores y apasionados abogados de la justicia y la verdad.

Incomparable es el potencial de una estrategia revolucionaria basada en una confianza científica. La estrategia de tres puntos agrupa a todo el pueblo en una fuerza revolucionaria y la convierte en tropas élites ideales. Esto deviene la mejor garantía para superar el convencionalismo de las épocas anteriores en que las fuerzas revolucionarias se constituían principalmente como alianza obrero-campesina, afianzar al máximo las propias fuerzas revolucionarias, lograr la absoluta superioridad de ellas sobre las fuerzas contrarrevolucionarias y desarrollar con iniciativa y con gran poderío el proceso revolucionario y constructivo.

La fuerza de la verdad que entraña la estrategia de tres puntos es que con la dirección del partido, un excelente ejército, poderoso ejército revolucionario y fidedigno contingente de jóvenes nada es irrealizable y se puede trocar situaciones adversas en las favorables y desgracia en suerte, así como conducir siempre a la victoria la lucha revolucionaria, sin sufrir una sola derrota.

La estrategia contiene el más fervoroso amor hacia las masas populares.

El amor a ellas no tiene nada que ver con la compasión ciega o la caridad en el puro sentido de la palabra. Ya en los albores de la revolución, ella descubrió la verdadera naturaleza humana en las masas populares oprimidas y explotadas y se apoyó en su inagotable fuerza. Ellas poseen esta fuerza, pero esto no significa que por sí solas puedan ser el poderoso sujeto de la revolución. El pueblo trabajador, el ejército y la juventud pueden agruparse en una gran fuerza revolucionaria solamente gracias a la atinada dirección del partido y el líder.

La máxima expresión del amor al pueblo es formarlo como seres más dignos y poderosos. La estrategia de tres puntos presenta como una de las tareas importantes prestar atención primordial a concienciar y organizar a las masas populares en todas las fases de la lucha. En el mismo proceso de la identificación de las masas trabajadoras, los militares y los jóvenes con ideologías de la independencia y su agrupación en torno al partido y el líder se logra enardecer su pasión revolucionaria y multiplicar su creatividad. La gran unidad monolítica que aglomera a militares y civiles pese a las grandes pruebas y que los convoca enérgicamente a responder al llamamiento de la revolución y el partido, no se logra de la noche a la mañana. Se consolida y se pone de manifiesto solamente por un esfuerzo tesonero y paciente para formar a las masas populares como verdaderos protagonistas del proceso revolucionario.

El ardiente amor al pueblo se concreta en la disposición de atender solícitamente y con plena responsabilidad su destino y vida.

La estrategia de tres puntos exige considerar los intereses del pueblo como mayor prioridad y defenderlos incondicionalmente, así como hacer realidad sus sueños e ideales en un nivel supremo. Esta demanda se materializa al defender a muerte el socialismo, hábitat del pueblo y nido de su felicidad, y al demostrar su superioridad.

Con miras a poner en práctica el amor al pueblo, resulta importante frustrar categóricamente las maquinaciones de la reacción imperialista contra el socialismo coreano y erradicar el abuso de autoridad y el burocratismo, extirpando todos los elementos antipopulares que perjudiquen el bienestar y los intereses del pueblo. Al mismo tiempo, es preciso dignificar la vida política del pueblo, elevar constantemente el nivel de su vida material y cultural y, en particular, no escatimar fondos y recursos en la formación de las jóvenes generaciones. He aquí precisamente la sagrada misión y deber del partido revolucionario que asume plena responsabilidad tanto de la vida actual del pueblo como de su futuro lejano.

En todos los países existen el pueblo trabajador, el ejército y la juventud. Pero no es que todos los partidos que hacen la revolución o en poder practican espontáneamente la política de aprecio al pueblo, ejército y juventud. Cuando no los confían de todo corazón ni se apoyan en sus fuerzas, ello trae una grave consecuencia de que, lejos de pensar en su rol como protagonistas del socialismo, ellos, instigados por los reaccionarios, destruyen con sus propias manos su régimen que es su nido de la vida. Esta es la amarga lección que muestra la historia del movimiento revolucionario del mundo.

Seguir a quien confía y ama es la naturaleza del hombre.

La estrategia de tres puntos de nuestro Partido que con el amor y la confianza aúna los pensamientos de millones de habitantes y construye una nueva sociedad, demuestra una gran vitalidad sin precedente en la historia humana. La política de nuestro Partido que aprecia ilimitadamente a su pueblo, confía en absoluto y exalta a su ejército y juventud da lugar a la infinita confianza y fidelidad de los militares y civiles. Por mantener la estrategia de tres puntos de aprecio al pueblo, ejército y pueblo, nuestro Partido no sufre ni un fracaso ni un estancamiento aún en medio de las convulsiones de la historia y manifiesta su poderío como agrupación revolucionaria con vitalidad imperecedera, combatividad y futuro prometido.

Formalizada esta estrategia por nuestro Partido, se ha preparado el arma que garantiza el triunfante avance y cumplimiento de la causa de la independencia de las masas populares. Ya no hacen mella las viles maniobras de los imperialistas y otros reaccionarios que promueven en todos los rincones del globo terráqueo la “revolución de colores” destinada a derrumbar desde adentro a los países independientes de carácter antiimperialista, engañando a los habitantes, deteriorando y debilitando al ejército y depravando a los jóvenes. Por reflejar correctamente las exigencias intrínsecas de las masas populares y dar perfecta respuesta al problema que resulta acucioso en el movimiento revolucionario mundial, la estrategia de tres puntos del Partido del Trabajo de Corea sirve de un precioso tesoro común e imperecedera bandera combativa para todos los países y pueblos que hacen la revolución.