La estrategia de tres puntos es el arma más poderosa (II)

          La historia victoriosa del PTC es la del aprecio al pueblo, ejército y pueblo.

El estimado compañero Kim Jong Un manifestó:

El trayecto de nuestro Partido, que con miles vicisitudes ha conducido al triunfo la revolución coreana, testimonia que no hay nada que temer ni nada irrealizable si contamos con un pueblo fiel al Partido, un poderoso ejército revolucionario y unas nutridas tropas juveniles.”

La cientificidad y justeza de una estrategia revolucionaria se prueban en la práctica llena de vicisitudes. La revolución coreana ha sufrido las condiciones y circunstancias más duras y complejas a las que nadie ha probado. Sin embargo, con la fuerza de la estrategia de tres puntos, nuestro Partido logró derrotar a dos potencias imperialistas y levantar un poderoso Estado socialista en este territorio donde reinaban el atraso secular y la pobreza. Aun cuando nos azotaba fuertemente una ventisca antisocialista causada por un sismo político a escala mundial, nuestra patria no se doblegó sino que se levantó con mayor ímpetu descubriéndose su figura majestuosa. El orgulloso aspecto de la Corea del Songun que sigue luciendo como un faro del socialismo en la primera línea del frente de la lucha antiimperialista y pro independencia es la gran representación del pueblo, el Ejército Popular y el gran contingente de jóvenes que forman una inconquistable fortaleza en defensa de su Líder y Partido.

Con el aprecio del pueblo, ejército y juventud, nuestro Partido materializó el ideal de la construcción de una potencia de la independencia.

Esta potencia del que hablamos es el país que se desarrolla con su propia fuerza en fiel acato a las exigencias e intereses de su pueblo. Su construcción se le había presentado como tarea vital a la nación coreana que se vio obligada a llevar una vida triste sin patria debido a las potencias que se competían para ocuparla y la cruel política de dominación colonial del imperialismo japonés.

Desde un principio, los esfuerzos de nuestro Partido y pueblo por el desarrollo independiente acompañaron una aguda lucha contra los imperialistas y las fuerzas hegemónicas y contra el servilismo a las grandes potencias y el dogmatismo. Acostumbradas a llenar su panza a cambio de sacrificio ajeno, las fuerzas foráneas pretendían atentar con todos los dominios de la vida independiente del pueblo coreano. También el mal hábito y la tendencia de prestar oídos a la opinión de otros y consultar con las obras clásicas cada vez que el Partido presentara nuevas políticas fueron otras trabas que obstaculizaban la ejecución de la política independiente.

El gran Líder Kim Il Sung y el gran General Kim Jong Il fueron los que defendieron el destino del pueblo y de la revolución rechazando resueltamente toda clase de injerencias ajenas y acabando categóricamente con el servilismo a las grandes potencias y el sectarismo, respaldados por las fuerzas extranjeras. En todo el proceso revolucionario, para determinar el camino a seguir por ella siempre acudían primero al pueblo y prestaban oídos a su opinión. Si una cosa se avenía al gusto del pueblo y éste decía posible, tomaban sin vacilación alguna la audaz decisión en la que nadie se atreviera a pensar. Si era una cosa opuesta a la voluntad del pueblo, nunca la perdonaban aunque se vendría abajo el cielo. Pues, todos los lineamientos y políticas de nuestro Partido, entre otros, la famosa línea sobre la independencia en la política, la autosuficiencia en la economía y la autodefensa en lo militar, y la sobre la revolución del Songun, pudieron reflejar plenamente el respeto, la confianza y el amor a las masas populares y recibir absoluto apoyo por parte de estas.

El camino a la independencia es el arduo que debe superar todas las dificultades y pruebas. Con miras a vencer la despiadada presión, sanciones y bloqueo del imperialismo y la hegemonía y mantener hasta el fin la entereza independiente, nuestro Partido debía tener una fuerza más poderosa que aquellos. La vio no en otro sino precisamente en nuestro pueblo.

Que si existen el partido, el pueblo y el territorio se puede levantar un país poderoso sobre las ruinas, esta era la convicción revolucionaria y el coraje de los grandes Líderes Kim Il Sung y Kim Jong Il. Cada vez que se enfrentaba con severas pruebas y le salían al paso magnas tareas revolucionarias, el Partido se compenetraba con los habitantes, militares y jóvenes para movilizar al máximo la fuerza espiritual de ellos, desarrollando su propia fuerza y materializando fielmente su línea independiente. En este contexto la férrea convicción y el coraje del Partido se hicieron de las mismas masas populares y se formó un gran destacamento de los poseedores del espíritu de apoyarse en las propias fuerzas.

Por contar con el pueblo, el ejército y la juventud aglutinados compactamente en torno al Partido, este podía avanzar siempre confiado aun en cualquier apuro. El gran auge de Chollima, las llamas de la Batalla de Velocidad y el heroico ímpetu de la gran marcha por la revolución Songun le provocaron una admiración al mundo y devinieron un duro golpe inesperado para las fuerzas hostiles de toda laya que impedían por todos los medios el avance de Corea.

La experiencia de lucha de nuestro Partido que construyó en las peores condiciones una potencia socialista soberana, independiente y autodefensiva y allanó un ancho camino por el fortalecimiento y la prosperidad, nos ha inculcado una inapreciable verdad de que solo cuando con la confianza y amor sinceros ponga de pleno manifiesto la fuerza espiritual y creatividad del pueblo, ejército y juventud es posible levantar una potencia de la independencia, con la que no se puede soñar con la “ayuda” ajena que reciba a cambio de la dignidad.

El aprecio de nuestro Partido al pueblo, ejército y juventud permitió lograr sucesivas victorias en el enfrentamiento antiimperialista y antiyanqui.

A nuestro Partido y pueblo coreano competía construir una patria rica y poderosa frustrando las incesantes provocaciones militares y maniobras agresivas del imperio estadounidense y sus lacayos. El imperio norteamericano, frenético por la infame ambición de dominar a todo el mundo, impuso a la emergente Corea tan joven una horrible guerra, la amenazaba con el peligro de nuevas contiendas cada vez que ella reconstruía difícilmente uno tras otro objetivo sobre las ruinas durante la posguerra y le aplicaba sanciones y bloqueos sin precedentes para impedir el desarrollo de su economía nacional.

Para defender el destino y la felicidad del pueblo, nuestro Partido se vio obligado a reaccionar en lo militar a las vandálicas maniobras agresivas de los imperialistas norteamericanos sobreponiéndose a todos los contratiempos y sacrificios. Nuestros grandes Líderes tomaron una resuelta decisión de autodefensa y dedicaron una primordial atención a la preparación de las fuerzas armadas invencibles. Para el fortalecimiento del potencial militar nuestro Partido concedía siempre una preferencial importancia a armar a los uniformados firmemente en lo ideo-político. La original idea militar centrada en las masas militares dio lugar a la gran bandera combativa de uno contra cien enemigos.

Ya que era indispensable disponer de la fuerza militar de autodefensa sin ninguna ayuda ajena, nuestro Partido resolvió de modo peculiar mediante el aprecio al pueblo también la difícil tarea de preparar armamentos. Con la confianza en el pueblo presentó la línea de desarrollo paralelo de la construcción económica y la defensa nacional, nunca vista en la historia, y ha venido materializándola al pie de la letra. Su atinada dirección trajo una valiosa experiencia para edificar con su propia fuerza la potente industria de defensa nacional y mejorar, al mismo tiempo, la vida de la población.

La confrontación antiyanqui es una lucha a vida o muerte contra el caudillo imperialista, cabecilla de los agresores que actúa con imprudencia jactándose de su superioridad numérica y técnica. En un intento de sofocar a la RPDC el imperialismo norteamericano movilizaba, además de sus fuerzas armadas agresivas, los países seguidores y los títeres surcoreanos. En el arduo enfrentamiento con el enemigo incomparablemente superior nuestro Partido no confió en la ayuda ajena sino en nuestro ejército y pueblo y en el poderío de la resistencia de toda la población. Esta confianza partió de la verdad de que los huestes mercenarios imperialistas, aunque están armados hasta los dientes, jamás pueden vencer la fuerza unida del ejército y pueblo decididos a defender a costa de la vida su patria y su territorio. Nuestro Partido, con la férrea voluntad de que la victoria final pertenece al protagonista digno e imbuido del amor y confianza hacia lo suyo, llevó a cabo la difícil y enorme tarea de armar a todo el pueblo y fortificar a todo el país. A las viles tretas de la guerra psicológica de los imperialistas respondió con la ofensiva ideológica revolucionaria, en tanto que logró preparar a todo el ejército y pueblo, en particular a los jóvenes, como poseedores de firme idea y convicción y combatientes independientes.

El poderío de la gran unidad entre los militares y civiles y la resistencia del pueblo entero que se ha pertrechado con la conciencia clasista y antimperialista y el espíritu de defensa de la patria y comparte la vida y muerte en la misma trinchera, siempre le hacía al imperio norteamericano morder un polvo de vergonzosas derrotas. Se puede citar, por ejemplo, el mito de la victoria en la guerra de la década de 1950 en que venció con el fusil a los yanquis poseedores de bombas nucleares; los sucesivos triunfos que logró defendiendo firmemente el socialismo en medio del cerco de las fuerzas aliadas imperialistas en la de 1990; y la gran victoria que alcanzó en agosto del año pasado al salvar una adversa situación que presagiaba el desencadenamiento de una hecatombe, enfrentando los reveses de la historia sin apoyo ni simpatía de alguno.

Si nuestro Partido no hubiera confiado en su pueblo, ejército y jóvenes ni apoyado en su fuerza, no habría podido presentar las líneas referentes a la autodefensa y el Desarrollo Simultáneo ni poseer poderosas bombas atómicas y de hidrógeno con el objetivo de autodefensa y nuestro país habría corrido el mismo el destino trágico que Irak y Libia. Gracias a la estrategia de tres puntos de nuestro Partido continúan las orgullosas tradiciones de victorias de la Corea heroica y el imperialismo norteamericano siempre no evita un destino del derrotado.

Nuestro Partido ha establecido el socialismo más ventajoso y vigoroso mediante el aprecio del pueblo, el ejército y la juventud.

El éxito o fracaso de la construcción socialista depende de cómo se prepara firmemente su protagonista. A partir de la inconmovible posición de que el dueño del socialismo es el pueblo, nuestro Partido ha aplicado la política que recoge las opiniones de las masas populares y lo ha enfilado todo a respetar a estas como el cielo.

Considera como su tarea más importante y misión primordial atender con responsabilidad las vidas política, material y cultural del pueblo, ejército y juventud y les presta una profunda atención.

Aun en las duras pruebas en que se decidía el destino del país hizo ingentes esfuerzos para sembrar valiosas semillas e incrementar las riquezas en aras de la felicidad del pueblo y la posteridad y no dejó de practicar medidas que benefician al pueblo ni toleró lo más mínimo el abuso de la autoridad, el burocratismo y otras manifestaciones negativas y degradantes. En virtud de la política de amor al pueblo del Partido madre, nuestro socialismo podía preservar sus cualidades intrínsecas aun con el cambio de las generaciones y los dueños de esta tierra no vacilaron ante cualesquier pruebas y tentaciones.

La vitalidad y el vigor del socialismo son precisamente manifestaciones de un elevado entusiasmo revolucionario y una actividad creadora de su dueño, o sea, las masas populares. Avanzar impetuosamente sin ningún estancamiento por la ardiente abnegación patriótica de todos los militares y civiles aglutinados compactamente en torno al Partido, he aquí el poderío del socialismo que no puede imitar ni tener el capitalismo.

También cuando algunos países que construían el socialismo trataban de sobreponerse a las dificultades temporales valiéndose de la ayuda ajena, la “reforma” o la “apertura”, nuestro Partido vio el clave principal para la solución de todos los problemas en confiar en el pueblo y movilizar la fuerza espiritual de las masas. Creó el espíritu y método de la comuna Chongsan y el sistema de trabajo Taean y puso en pleno despliegue poderosos movimientos de masas, entre otros el Chollima y el por la Bandera Roja de las Tres Revoluciones, convirtiendo así la construcción socialista en la tarea de las mismas masas populares. Le asigna al Ejército Popular, que no reconoce el término de imposible, las obras importantes para la edificación del socialismo para abrir brecha y presenta a los jóvenes como sus vanguardias juveniles, de modo que ellos pongan de pleno manifiesto la inteligencia y valentía de la juventud en los puestos de defensa de la patria y los difíciles sectores de la economía.

Bajo la dirección del Partido se crearon el espíritu revolucionario del militar y el de Kanggye que conducen las épocas correspondientes y se encendieron sucesivamente las antorchas de Songgang y Ranam y las llamas de Hamnam, los cuales les hicieron posible al ejército y los demás del pueblo demostrar aun más el celo patriótico y la creatividad. Ni las múltiples pruebas y dificultades ni las mortíferas sanciones y bloqueo del imperialismo podían detener el impetuoso avance de nuestros militares y civiles y muy al contrario nuestra patria acogió una nueva era de la construcción de un Estado socialista poderoso y próspero.

Nuestro Partido superó miles vicisitudes y levantó en esta tierra una poderosa fortaleza socialista y un paraíso del pueblo que reconoce todo el mundo, valiéndose de la estrategia de tres puntos de aprecio del pueblo, ejército y juventud, la cual deviene un eterno tesoro que garantiza la invencibilidad y el resplandeciente porvenir de la Corea del Juche. Se perpetuarán para siempre junto con el fortalecimiento y la prosperidad de la potencia Paektusan las proezas revolucionarias de los grandes compañeros Kim Il Sung y Kim Jong Il quienes con la original idea y estrategia de conceder importancia al pueblo, ejército y juventud abrieron un nuevo camino para la victoria de la revolución y construyeron con éxito la potencia ideo-política, la militar y la de juventud.