Principios fundamentales de la revolución

El gran Dirigente Kim Jong Il dijo:
“El principio fundamental de la revolución, dilucidado por la idea Juche, es que las masas populares son dueñas de la revolución y su construcción y ellas tienen también la fuerza que las impulsa.”
Los principios de la revolución aclarados por la teoría revolucionaria jucheana son los principios científicos y revolucionarios.

Porque, ante todo, los principios fundamentales de la revolución aclarados por la teoría revolucionaria jucheana reflejan de manera correcta la demanda de la práctica revolucionaria que se realiza por la unidad del país y nación.

La revolución y construcción se realiza por la unidad del país y nación.
Razón por la cual, el dueño de la revolución y construcción de cada país son sus masas populares y estas mismas tienen la fuerza real que impulsa la revolución y construcción de cada país.

En la condición de que la revolución y construcción se realizan por la unidad de la nación y país, ninguno puede ser el dueño de la revolución y construcción de otro país y ni siquiera puede encargarse de la revolución de otro país.

El pueblo mismo de su país tiene el derecho y la responsabilidad de resolver todos los problemas que se presentan en la revolución y construcción de cada país y la fuerza decisiva que las impulsa.

Además, los principios fundamentales de la revolución aclarados por la teoría revolucionaria jucheana dilucidan correctamente la razón de la forja del destino de las masas populares.

El destino de las masas populares se va forjando a través de la revolución y construcción. Que las masas populares son dueñas de la revolución y construcción significa que estas son dueñas de su propio destino y, que las masas populares tienen la fuerza que impulsa la revolución y construcción quiere decir que ellas mismas tienen la fuerza creadora que forja su destino.

Por eso, las masas populares pueden forjar su destino de manera exitosa solo cuando realizan la revolución y construcción con su fuerza teniendo la conciencia de que el dueño de su destino es sí mismo.