Auténtica felicidad.

Fue el 16 de febrero de 1963, cumpleaños del estimado Kim Jong Il.

Sus compañeros estudiantes le pidieron que hiciese compañía en celebrarlo junto con ellos aunque modestamente. El aludido lo agradeció profundamente lamentando no poderlo aceptar. Los estudiantes no disimularon a su vez el lamento.

Les consoló diciendo que Kim Il Sung se dedicaba en cuerpo y alma en aras del pueblo sin festejar ni un solo día natalicio, todo eso en aras de la prosperidad nacional y la felicidad del pueblo y no podría celebrar su cumpleaños. Continuó hablando de que consideraba su obligación devanar los sesos de cómo hacerle descansar un rato siquiera y cómo corresponderle a su atención y dadivosidad y enseñó que la felicidad auténtica del soldado revolucionario residía en hacerle aliviar las preocupaciones y los quehaceres.

Fue la enseñanza que impactó en los corazones de los estudiantes.

A continuación dijo que la buena salud del Líder garantizara la felicidad y el porvenir del pueblo y dedicarse en cuerpo y alma a hacerle al Líder contento y feliz había de ser el punto de partida y la pauta de todas las labores de los soldados revolucionarios.

Terminó diciendo que no le tomaran a mal por no aceptar la proposición y se dispondría a compartir siempre con ellos la alegría y la pena apreciando mucho el amor y el apoyo cálidos que ellos le dispensaban.

Así que sus enseñanzas del día natalicio se cristalizaron como sentencia preciosa sobre la concepción de la vida de los revolucionarios.