La maleta de tesoro

Un día, el gran Dirigente Kim Jong Il dio instrucciones preciosas a una funcionaria sobre el trabajo de su unidad y la detuvo quien se dirigía a la puerta después de darle saludos. Él encontró que el tirador de la maleta de ella se había desprendido.
El gran Dirigente, al mirar un rato a su maleta, se sonrió diciendo que cómo era posible llevar una maleta sin tirador y le dijo que escogiera lo que le gustaba presentándole dos maletas: una grande y otra pequeña. Cuando ella escogió la pequeña, él le dijo que esa maleta era para poner los cosméticos y que no era adecuada para los funcionarios, y dijo que, a su parecer, la grande era buena y útil y le preguntó cómo le parecía.

Cuando la funcionaria le contestó que le gustaba la grande, el gran Dirigente se sonrió, le dijo que esperara un rato y salió de la habitación con la maleta.

Al pasar un momento, el gran Dirigente entró a la habitación con la maleta pesada y le dijo a la funcionaria que la abriera. Cunado ella abrió la maleta, en ella había muchos libros.

Solo entonces la funcionaria se entendió la intención del gran Dirigente de que había elegido la maleta grande y dijo que era útil.

El gran Dirigente le aconsejó que, solo con el anhelo no podía trabajar según la intención del Partido y había que leer muchos libros para elevar decisivamente la capacidad.

Y le dio instrucciones detalladas diciendo que, en el caso de los funcionarios responsables no tenían que dejar el libro en las manos ni un rato y quien sabe mucho trabaja y vive con flexibilidad y tiene la cualidad modesta.

La funcionaria decidió en su alma que se prepararía como funcionaria capaz según que el gran Dirigente querría estudiando aplicadamente y no dejando esa maleta en sus manos.

Desde entonces, la maleta grande de la funcionaria empezó a llamarse como la maleta de tesoro ofrecida por el gran Dirigente entre mucha gente.