KIM JONG SUK: El legado de una revolucionaria coreana

Kim Jong Suk nació en el seno de una familia muy pobre de la zona noreste de Corea (en la actual provincia de Hamgyŏng del Norte) el 24 de diciembre de 1917. Esta pobreza hizo que tuviera que emigrar a China en busca de trabajo.

Como la inmensa mayoría de los coreanos, su familia tenía una fuerte convicción de que el mejor futuro para su país era ser liberado del yugo japonés y que los propios coreanos eligieran su destino.

Durante su adolescencia pudo ver cómo era la situación de los lugares donde trabajó. Allí los coreanos debían usar nombres japoneses y no sabían leer ni escribir su propia lengua, entre otras prohibiciones. Este conocimiento de la situación y su deseo de ver a su patria liberada le llevo a ingresar en el Ejército Revolucionario Popular de Corea el 18 de septiembre de 1935 en la base existente en el Sur de China, cerca de la frontera coreana.

No pasó desapercibido su enorme trabajo y su capacidad de sacrificio. Además, Kim Jong Suk, era muy buena disparando, tanto que incluso en las competiciones de tiro algunos competidores se negaban a participar si ella lo hacía porque sabían que era imposible dada su enorme puntería. Ella, en muchas ocasiones, enseñó a ancianos a leer el coreano, por lo que era muy querida por todo el pueblo debido a su labor cultural.

Con su puntería llegó a ser miembro de la escolta de Kim Il Sung , incluso en una ocasión (viendo el riesgo que corría) protegió el cuerpo del futuro presidente con el suyo propio, mientras ambos disparaban a los imperialistas japoneses.

De esta convivencia y experiencias continuas nació el amor. Ambos se casaron y tiempo después, en el campamento secreto del monte Paektu, nació su primer hijo, Kim Jong Il el 16 de febrero de 1942 cuando ella tenía 24 años.

Kim Jong Suk (quién se ganó el sobrenombre de la “generala del Monte Paektu”) fue una mujer que luchó en gran medida porque se valorara a las mujeres. Logró convencer a los miembros de la guerrilla del valor de las mujeres como espías, por poner un ejemplo, ya que decía que cuando los japoneses veían a una mujer, las trataban como si fueran incapaces de hacer nada. Esta situación fue aprovechada sacando el máximo partido de espionaje donde la mujer pudo demostrar todo su valor en la lucha.

Desgraciadamente, su vida fue muy corta, porque una vez liberada la patria del imperialismo japonés solo vivió cuatro años más y a la edad de 31 años murió el 22 de septiembre de 1949. Aun así, su relevancia y su espíritu de lucha quedaron vivos en el corazón y la mente de gran parte de los coreanos.