Caminatas para el estudio y la restauración del país.

¿Es posible que un niño con poco más de 10 años de edad recorra solo a pie más de mil ries (400 kilómetros)? Sin el coraje, la audacia, la valentía, la perseverancia y la voluntad férrea, eso terminaría con una mera ambición.

A pesar de todo, quien lo llevó a cabo fue precisamente el Presidente Kim Il Sung cuando era pequeño.

Caminata para el estudio

En la década de 1920, Corea estaba bajo la ocupación militar del imperialismo japonés (1905-1945). A la sazón, el niño Kim Il Sung vivía en Badagou de China y, un día próximo a la graduación de la escuela primaria, fue llamado por su padre.

Este le dijo que sería bueno que él fuera a Corea para estudiar. Añadió que los nacidos en Corea debían conocerla bien necesariamente y que sería muy provechoso que conociera allí por qué nuestro país se arruinó y experimentara la vida tan miserable que sufría nuestro pueblo.

Según el propósito del progenitor, él se decidió a estudiar en la patria y partió de Badagou de China el 16 de marzo de 12 de la era Juche (1923). Más de la mitad del camino que él debía recorrer a pie eran cordilleras abruptas, casi inhabitadas. Tuvo que atravesar los valles donde soplaba furiosamente la nevasca y las selvas milenarias en que se oían bramidos de fieras aun en pleno día. Al cruzar el monte Oga, el camino era interminable, aunque caminó todo el día y seguían apareciendo nuevas lomas.

Lo más triste y penoso no era la fatiga de la caminata, sino ver a los compatriotas sufrir el martirio y las vicisitudes debido a la ocupación militar del imperialismo japonés.

Al cabo de 14 días de haber partido de Badagou llegó a su casa natal en Mangyongdae. Después, el Presidente Kim Il Sung se trasladó a la casa de los abuelos maternos en Chilgol donde, estudiando en la escuela Changdok, afianzó la convicción de que solamente mediante la lucha la nación coreana podía expulsar a los colonialistas japoneses y vivir felizmente en la patria independizada.

Camino de la revolución

Pasaron dos años desde de la llegada a Mangyongdae. Un día de enero de 1925, cuando el Presidente estaba próximo a la graduación de la escuela Changdok, recibió el informe inesperado de que su padre, que vivía en Badagou de China, volvió a ser detenido por la policía japonesa. Su progenitor, Kim Hyong Jik, destacado dirigente del movimiento antijaponés de la liberación nacional de Corea, luego de fundar la Asociación Nacional Coreana en marzo de 1917, desplegaba el movimiento independentista.

Con la decisión de luchar a ultranza para vengar a los enemigos de su padre, su familia y la nación coreana emprendió el camino de vuelta a Badagou de China.

Él volvió a caminar mil ries atravesando montes empinados y por fin, al cabo de 13 días desde la partida de Magyongdae, llegó por la noche a Phopyong, en el lado opuesto del territorio chino. Una vez en el vado del embarcadero de allí, él no se atrevió a poner sus pies sobre el hielo del río Amnok que medía unos 30 metros de ancho, pues le pasó por la mente el pensamiento de que si se despidiera de la patria en ese momento, cuándo podría volver a cruzar aquel río.

Deseoso de guardar con cuidado cualquier cosa que sirviera de rastro de la patria y objeto que permitiera recordarla, recogió un guijarro en el repecho de la ribera.

Luego dio pasos hacia la orilla opuesta del río, entonando para sus adentros la “Canción del río Amnok”, que no se sabía quién la compuso.

Con respecto a su inolvidable experimentación sicológica de aquel instante, el Presidente Kim Il Sung, en sus Memorias “En el transcurso del siglo”, escribió así:

Lleno de tristeza e indignación lancé la mirada varias veces al territorio patrio. Corea, te voy a dejar. Aunque no puedo vivir ni un momento separado de ti, cruzo el río Amnok para rescatarte; al otro lado se extienden tierras extrañas; voy allí, pero no te olvidaré; espérame, Corea. Pensé así y volví a cantarle al río Amnok.

No sabía cuándo podría volver a pisar esta tierra; cuándo vendría el día de mi retorno a esta tierra que me vio crecer y guarda los restos de mis antepasados. Aunque era niño, al pensar así no cabía en mí de tristeza. Ante la visión de la trágica realidad de la Patria, reafirmé la decisión de no volver a Corea si no lograba su independencia.”

Para realizar el juramento que hizo a la patria y al pueblo, emprendió el camino de la revolución y, al expulsar al imperialismo japonés, logró la histórica causa de la liberación nacional (el 15 de agosto de 1945).

Las caminatas que efectuó el Presidente en su adolescencia concibiendo la verdad de la lucha se continúan hoy por las caravanas de “Caminata de mil ries” de jóvenes y niños escolares de todo el país.