La imprudente política hostil de Japón contra la RPDC solo acarreará su trágica ruina

Hace poco, el primer ministro japonés Kishida visitó a India y Camboya, y realizó conversaciones con los primeros ministros de estos países, respectivamente, y publicó declaraciones conjuntas.

El problema es que cuestionaron los lanzamientos de misiles como “violaciones” de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y hablaron sobre la solución del ya inexistente problema de secuestros.

Como hemos enfatizado en varias ocasiones, todas las medidas que tomamos para el fortalecimiento del poder de defensa nacional constituyen un legítimo ejercicio del derecho a la autodefensa para hacer frente activamente a la situación de seguridad creada en la Península Coreana, el punto más candente del mundo, y la región de Asia-Pacífico, y asegurar la seguridad del Estado y el pueblo, y no acarrean ningún daño a la seguridad de los países vecinos.

El hecho de que Japón, país criminal de guerra que forzó innumerables desgracias y dolores a los pueblos de Corea y de Asia en el pasado y no se disculpa francamente ni repara, cuestione obstinadamente nuestros lanzamientos de misiles visitando otros países, constituye una maniobra extremadamente peligrosa que intenta legitimar su aumento del agresivo poder militar y realizar la ambición de la nueva agresión.

El objetivo de Japón, que cuestiona continuadamente el problema de secuestros que ya fue resuelto completamente de manera irreversible, es encubrir de todos modos sus crímenes especiales de lesa humanidad de gran magnitud como la detención forzada de los coreanos y justificar su política hostil contra la RPDC.

Japón deberá estar muy consciente de que su imprudente política hostil contra la RPDC solo acarreará su trágica ruina y tiene que actuar con prudencia.

La sociedad internacional deberá distinguir bien la verdadera naturaleza de los políticos japoneses que aparentemente tienen puesta la máscara de la “paz”, pero que en realidad burlan y engañan al mundo afilando el cuchillo de la nueva agresión para librarse de la responsabilidad de sus crímenes pasados y ejecutar su viejo sueño de la “Esfera de Coprosperidad de Gran Asia Oriental”.

Los países asiáticos no deben prestar oídos a las astutas y descaradas palabrerías sin valor de Japón y tienen que hacer cosas beneficiosas para la estabilidad de la situación de la Península Coreana.