Primer crimen estatal de Japón hacia Corea

Hace 430 años, mejor dicho, el 13 de abril de 1592 Japón inició la agresión armada contra Corea con enorme cantidad de efectivos, exigiendo absurdamente que abriera el camino hacia los Ming.

La Guerra Patria Imjin (1592-1598), registrada en la historia como invasión japonesa en el año Imjin, fue producto directo de la ambición del expansionismo territorial y la política de la agresión a ultramar de Japón, y primer crimen estatal contra Corea.

Los agresores, bajo la consigna maligna de “¡Maten a todos los coreanos!”, cometieron una gran masacre indiscriminada. Al ocupar la fortaleza de Pusan como el inicio de la agresión, mataron a todos cuantos estaban allí sin distinción del sexo y la edad.

Sobre aquel genocidio, un libro de historia narra así: “Una vez que ellos subieron a porfía a las murallas de unos 5 metros de alto, mataron a todos los seres vivos, incluyendo viejos, mujeres y hasta perros y gatos.

La misma matanza ocurrió no solamente en la fortaleza de Pusan.

En cuanto ocuparon el castillo de Jinju en junio de 1593, asesinaron a diestro y siniestro a los habitantes inocentes y arrestaron hasta los sobrevivientes para quemarlos vivos en el depósito. Como consecuencia, allí no quedó ni un alma viviente.

En Kyoto de Japón existe una tumba llamada “Mimitsuka” que tiene enterrados 214752 orejas y narices de los coreanos. Este sepulcro sin precedentes se queda como el testimonio histórico que acusa la atrocidad y la violencia de Japón, aunque han pasado centenas de años.

La Guerra Patria Imjin se caracteriza no solo por la carnicería indiscriminada, sino también por el secuestro de coreanos. Durante la contienda los nipones arrestaron y llevaron a su país a muchos talentos coreanos que tenían la habilidad cultural, incluyendo alfareros, médicos, arquitectos, pintores, bordadores, fabricadores de tipos, impresores, etc., y hasta los habitantes ordinarios para aprovecharlos como manos de obra.

Según el reconocimiento de los mismos japoneses, por lo menos el número de secuestrados alcanzó a más de 100000.

Estos, una vez en el país isleño, se vieron obligados a realizar trabajos esclavistas e incluso se vendieron a otros países.

Lo más intolerable fue que secuestraron a numerosas coreanas para el servicio sexual. Violaban a todas cuantas encontraban, sin distinción de viejas, mujeres casadas y niñas y siempre las llevaban a los campos de combate para satisfacer sus deseos sexuales.

Esto revela que el crimen de esclavitud sexual de Japón, criticado como mega crimen del siglo XX se inició ya desde hace centenas de años por los samuráis nipones.

Además, los agresores de Japón destruyeron y saquearon a diestro y siniestro las preciosas reliquias culturales de Corea durante la contienda.

Según el libro escrito por un portugués “Historia de Japón”, se esforzaron con frenesí para ganar dinero privando a Corea de los bienes culturales no solamente los caudillos de tropas agresoras de Japón, sino también barqueros, transportadores y plebeyos. Ellos quemaron y destruyeron libros preciosos y edificios de Corea mientras llevaron a su país porcelanas, campanillas, estatuas de Buda, obras pictóricas, etc., cuyo número fue incalculable.

Con respeto a este saqueo cruel, hasta un erudito japonés confesó que la guerra agresiva de Hideyoshi se caracterizó también por el saqueo total de reliquias culturales de Corea.

Aun después de esta contienda, Japón no cesó la agresión y el pillaje sobre Corea.

Especialmente, mediante el “Tratado de cinco puntos de Ulsa” (17 de noviembre de 1905), el “Tratado de siete puntos de Jongmi” (24 de julio de 1907) y el “Tratado de anexión de Corea a Japón” (22 de agosto de 1910), se esforzó con frenesí para borrar del mapamundi a Corea como Estado que cuenta con la brillante historia y cultura de cinco mil años.

Durante su ocupación militar de 40 años, el imperialismo japonés, practicando la política cruel de exterminio de la nación coreana, impuso a innumerables coreanos la pena y la muerte, llevándolos como carne de cañón, esclavos y consoladoras, mientras saquearon incalculables bienes culturales y recursos naturales.

Lejos de reconocer y excusar por sus crímenes del pasado, hoy Japón intenta repetir su historia criminal camuflándolos. Su descaro e impudencia aumentan la enemistad del pueblo coreano contra el país isleño.

El pueblo coreano nunca olvidará el asesinato y el saqueo que Japón cometió contra la nación coreana en el pasado y le hará pagar caro sin falta por ello.