El exterminio de indios de EE.UU. merece un severo castigo.

Recientemente, el Departamento del Interior de EE.UU. publicó un informe de investigación en la cual reconoció que desde 1819 hasta 1969, en los internados administrados por el gobierno EE.UU., fueron perpetrados continuadamente los maltratos y las violencias inhumanas en contra de los estudiantes indios.

Según el informe, el resultado de la investigación sobre los 497 internados administrados por el gobierno federal demostró que fueron encontrados 53 sitios de entierro de cadáveres y que murieron 500 estudiantes indígenas.

El Departamento del Interior propuso que, con la intensificación de la investigación, el número de estudiantes indígenas que murieron en los internados aumentaría continuadamente y que llegaría a decenas de miles.

EE.UU. estableció los internados administrados por la iglesia bajo el patrocinio gubernamental desde los principios del siglo 19 para eliminar el lenguaje y la cultura de los indios, y confinaron a muchos niños indígenas en tales instalaciones y aplicaron políticas sistemáticas de asimilación.

Después de ingresar a la escuela, los niños indígenas tuvieron su pelo cortado al rape y fueron llamados por los nombres ingleses en vez de sus propios nombres, y fueron imbuidos a la fuerza con la educación de inglés, subordinación y la doctrina cristiana de acuerdo a una rigurosa rutina diaria.

En el caso de que alguien violara las reglas y las leyes de la escuela, los estudiantes indígenas recibían todo tipo de castigos como encierro solitario, latigazos, suspensión del suministro de alimentos, bofetadas, etc., y sufrían constantes discriminaciones raciales y maltratos.

Tales discriminaciones raciales no fueron creadas ayer u hoy.

EE.UU., que nació sobre las tumbas de los indios, amenazó sin cesar los derechos a la existencia de los indígenas mientras perseguía la masacre de los indígenas y la inhumana política de asimilación.

El año 1814, James Madison, cuarto presidente de EE.UU., promulgó el decreto que fijaba el dinero de premio en 100US$ por la piel de la cabeza del hombre indio de más de 12 años y 50 US$ por la piel de la mujer india o niños indios y asesinó en masas a los nativos indios profiriendo como sigue.

Con la piel de los indios se puede fabricar botas de buena calidad”, “EE.UU. tiene que aniquilar sin falta a los indios”, “Solamente el indio muerto es un excelente indio.

Además, John Quincy Adams, sexto Presidente de EE.UU., haciendo hincapié en que “el terrorismo es muy eficaz para tratar a los estúpidos y necios indios y negros”, incitó abiertamente la masacre de los indios y, debido a la política de lesa humanidad de EE.UU. del exterminio de los indios, la cifra de los indios que era de 5 millones en el año 1492 se redujo vertiginosamente a 250 000 en los comienzos del siglo 20.

Entrando en el siglo 20 también, EE.UU. realizó 928 pruebas nucleares en los asentamientos de los indios y generó 620 000 toneladas de sedimentos radioactivos y, a consecuencia, miles de indios fallecieron y los sobrevivientes padecen de varias enfermedades malignas como el cáncer y tuberculosis.

Los datos mencionados arriba no pasan de ser un ejemplo directo que demuestra una parte de los crueles actos del exterminio de los indios por parte de EE.UU.

A pesar de tal realidad, EE.UU. se enfrasca en la intervención en los asuntos internos cuestionando imprudentemente y muy a menudo la situación de derechos humanos de otros países.

EE.UU., antes de cuestionar insolentemente el “problema de derechos humanos” de otros países, tiene que reflexionarse honesto y diligentemente por sus actos de exterminio de los indios llenos de delitos que continúa de siglo en siglo.